business class Dice Mauricio que resumir siete décadas y media es algo complicado. Y le creemos, sobre todo cuando se cuenta con una historia que, más que un recuento cronológico, es una herencia de precisión, valor y buen gusto. “Empezó mi padre, quien tuvo la fortuna de salir de Polonia antes del genocidio Nazi. Llegó a Cuba con su familia a principios de los años 40, en una época en la que la isla era un centro de corte y tallado de diamantes, donde él, con sólo 16 años, empezó a trabajar. Con el tiempo visitó a un familiar en Monterrey, ciudad en la que conoció a mi madre y donde empezó todo”, nos cuenta Mauricio.
Sin fondos y con la ayuda de amigos de la Ciudad de México, Mauricio…
