La historia del vino se remonta a los albores de la agricultura. En las laderas del Cáucaso, en territorios que hoy corresponden a Georgia, Armenia e Irán, se han hallado vestigios arqueológicos de recipientes cerámicos con restos de ácido tartárico, huella inequívoca de la fermentación de la uva, datados en torno al 6000 a. C. Allí, el ser humano descubrió que el jugo de la vid, dejado reposar en ánforas, se transformaba en una bebida con propiedades embriagadoras y sabor complejo. El azar se convirtió en costumbre, y la costumbre en cultura.
De esos primeros centros, el vino se expandió hacia Mesopotamia y Egipto. Los egipcios lo utilizaron en rituales funerarios, reservándolo para las élites, que lo consideraban símbolo de distinción frente a la cerveza, bebida más común. En tumbas…
