El aceite de palma se usa en la industria alimentaria para mejorar, de forma barata, la textura, el sabor y la apariencia de muchos productos (bollería, pizzas, aperitivos, chocolates, palitos de pan...), y lograr que duren más. El problema es que es especialmente rico en ácidos grasos saturados, por lo que eleva el colesterol y favorece la arteriosclerosis y enfermedades cardiovasculares. Además, los alimentos en los que se incluye son procesados ricos no solo en grasas malas, sino también en hidratos de carbono refinados, azúcares y sal. Por si todo esto fuera poco, durante su refinamiento se generan unos compuestos (ésteres glicidílicos de ácidos grasos) que nuestro organismo transforma en glicidol, sustancia tóxica para el ADN: el centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés)…
