Las rocas y el mar, el azul, las líneas rectas y las curvas. Son los cinco elementos que definen la belleza de la Divina Costiera o Costa Amalfitana, salpicada de pueblos que trepan por la ladera y se reflejan en el mar.
Como afirmó Domenico Rea, escritor y periodista de Nápoles, «en el día de la Creación, Dios no olvidó ni un detalle de esta costa divina». Parece que, en una danza de olores, sonidos y colores, un divertido dios arrojó entre las rocas y el mar un puñado de burgos, que pronto se armonizaron con las líneas más sinuosas –a veces ásperas– de esta zona marina y montañosa a la vez. Y moldeó con la arena individuos intrépidos y de ingenio: comerciantes, pescadores, médicos, ceramistas, músicos… un sinfín de…