En mayo de 1945, poco después de la caída de Berlín, el joven oficial británico Hugh Lunghi se convirtió en el primer soldado del Reino Unido en entrar en el búnker de Adolf Hitler. Lunghi, que había servido como intérprete de Winston Churchill en las conferencias de Yalta y Potsdam, recibió permiso de las tropas soviéticas para acceder al refugio subterráneo donde Hitler yacía muerto tras su suicidio.
En el interior, y tal como ha evocado ahora, Lunghi encontró un escenario desolador: habitaciones destrozadas, documentos esparcidos y un ambiente cargado de historia reciente. Como recuerdo, tomó un volumen de la enciclopedia Brockhaus que pertenecía al dictador. Este gesto, más allá de lo simbólico, representaba el fin de una era y la caída del régimen nazi.
Tras la guerra, Lunghi continuó…
