Bien dicen que los humanos somos la única especie en el mundo que requiere de otros para sobrevivir, incluso aunque ya seamos adultos. Nunca dejamos de necesitar a otro ser humano; podemos aprender a estar con nosotros mismos, en soledad (de hecho, es vital para nuestra estabilidad emocional), pero al girar la cabeza hacia cualquier costado necesitamos mirar, sentir, escuchar, ver y oler a otro con quien comunicarnos.
Como ermitaños, ¡simplemente moriríamos! La comunicación es parte de nuestra naturaleza; nos retroalimenta y nos permite practicar aquello que nos hace humanos: nuestro intelecto, espiritualidad y emocionalidad. Naturalmente somos seres sociales y nos encanta vivir en grupo (la fiesta, el café, los viajes con los amigos, las escapadas con la pareja, los juegos…); compartir con “alguien” nuestras emociones, pensamientos, locuras, complejidades, tristezas……