¡El horror! Cuarenta grados que derriten el asfalto y hacen que los que esperan en el Apple Store de la madrileña Puerta del Sol luzcan semicírculos de sudor bajo los brazos. Aunque todos no. Un hombre alto, algo escorado, con gruesa chaqueta de terciopelo verde billar, foulard –¡un dandy del siglo pasado!– hace cola estoicamente, como uno más. Se le acerca un jovencísimo empleado con pinganillo y le pregunta el nombre; él, mirando a un lado y a otro, musita, “Jaime de Marichalar”. El chico, impertérrito, exige “repita más alto, por favor” y el exduque de Lugo grita tanto que su voz se quiebra con un gallo “¡Jaime de Marichalar!”. El otro apunta en su tablet algo así como “Pontifalar” y, al rato, pasa llamando, “Jaime, Jaime…”. El ex de…
