En nuestra educación occidental es más aceptado el SI que el NO. Ya de niños recibir un no por respuesta a nuestras demandas, no es bien acogido por lo general. Así pues, es tan importante aprender a recibirlo como a darlo.
Nuestra relación con la negación es algo que vamos desenredando con las etapas del desarrollo, y está íntimamente ligado al respeto, a la empatía y a la compasión, propias y ajenas. Las personas que desarrollan una buena relación con la negación, adquieren asertividad, la capacidad de comunicarse de forma equilibrada y sostenible.
El no en la vida puede resultar un argumento agresivo para muchas personas, sobre todo a las altamente introvertidas y tímidas. Pero desarrollar la capacidad de decirlo, es cuestión de historias, de estrategia y, por supuesto, de…