Julio Medem ha cumplido con El árbol de la sangre un viejo deseo, dedicarle una película a su madre, Margarita Lafont Mendizabal. Es una gran mujer, a la que quiero y admiro profundamente y esta es la mejor historia que podía brindarle porque habla del parentesco y de la familia. Está contada, además, desde un caserío y a ella, que es vasco-francesa, le debo mi parte vasca. La cinta narra en dos tiempos, el actual y el pasado, a lo largo de un cuarto de siglo, las vidas de cuatro familias muy dispares, procedentes de Barcelona, Madrid, Sevilla y el País Vasco, que están vinculadas entre sí. Esta es una trama que surgió de mi inconsciente, como es habitual en mí. Me imaginé una campa, con vacas que bajan corriendo…