En este tipo de escenarios, y tanto cuando cazamos sin perros como cuando ya contamos con su valiosísima participación, se suelen dar lances a continuación de concluir uno, es decir, sale un conejo, lo tiramos y abatimos, y cuando nos desplazamos para el cobro, muchas veces justo cuando paramos para coger la pieza abatida o mientras la guardamos o colgamos, sale otro conejo de las inmediaciones y muy posiblemente de espaldas a nosotros, huyendo a la contra de donde hemos resuelto el primer lance. Estos casos nos suelen coger con la atención en el manejo del conejo abatido, en bastantes ocasiones con la escopeta en el suelo y, por tanto, abierta para evitar riesgos, así que por mucho que corramos, o no llegamos a tirar, o lo hacemos de forma…
