YA había conseguido cuarenta y un títulos y siete Balones de Oro, pero Leo Messi quería más: ganar su primer Mundial con Argentina. Y, haciendo bueno el tópico de que los viejos roqueros nunca mueren, lo consiguió a sus treinta y cinco años tras ganar una agónica final a Francia en la tanda de penaltis. «Es una locura que se haya dado de esta manera, pero lo deseaba muchísimo y sabía que Dios me lo iba a regalar», declaró el futbolista, que, gracias a sus siete goles y tres asistencias, fue elegido también como mejor jugador del campeonato. El delantero no estuvo solo, ya que, aparte de los miles de seguidores, le acompañaron, en este viaje de triunfo, su mujer, Antonela Roccuzzo, y sus tres hijos, Thiago, de diez años;…
