Las palabras, caricias, charlas, miradas, besos, abrazos y los “te amo” no pueden faltar en la crianza de un niño: la disciplina tampoco. De hecho, ésta es una manera de amar a tu hijo; ¿no lo crees? A través de ella creas en él una base firme que le permitirá vivir su futuro fuerte, seguro, ecuánime, armónico, pleno… en paz consigo mismo y con lo que le rodea; porque la disciplina lo hace saberse capaz de generarse a sí mismo bienestar, dándose lo que necesita y desea para vivir bonito; sabe que puede lograr cualquier meta, vencer obstáculos, crear mejores opciones de vida y aquello que lo haga feliz.
Nunca pienses que disciplinar a tu hijo lo dañará, al contrario: es un acto de amor. Lo estás preparando para que…
