Era 1982 y Patxi Andión me citó en una buhardilla medio destartalada que tenía en El Rastro. Hacía un frío del demonio y me sirvió coñac en vasos de plástico. Sin mirarme, me dijo con su voz de macho: “Me gustan las mujeres inteligentes, cultas y progres”. Yo, que entonces era tremenda, le solté: “¿Cómo Amparo Muñoz?”. Me cortó, molesto: “Coño, ¿toda la vida me vas a sacar lo de Amparo?”. Ceñudo, siguió cuando ya pensaba que iba a callarse: “El matrimonio con Amparo fue una pesadilla, una tontería del principio al final. ¡Si es que me casé solo porque estaba muy buena! Y quería hacerle de Pigmalión, que estudiara, que leyera... Quería que se pasase a mi bando. ¡Pero no hubo manera! Fueron diez meses espantosos, a pelea diaria;…
