Son casi las ocho de la tarde de un martes de abril y el parque del Retiro está resplandeciente. Acaba de aterrizar la primavera, pero, con el cambio de hora, los días ya parecen de verano: sol todavía en alto, temperatura que invita al terraceo y las bermudas… y gente corriendo. Mucha. Pero que mucha gente corriendo. Entre la multitud que se patea de punta a punta lo que en su día fueron los jardines de palacio de Felipe V, destaca un grupo llamativamente numeroso. Llamativamente conjuntado. Tres rayas aquí, tres rayas allá. Hombres, mujeres, jóvenes y no tanto, algunos más atléticos, finísimos, y otros que evidencian ser noveles en la materia. Que aún no se han descargado Strava, vaya. Todos con una sonrisa, eso sí, que aquí se viene…