El recorrido. Tal vez la… no, no, el recorrido. Es inexistente la negociación cuando preguntas a un corredor popular sobre el atractivo principal del Zurich Maratón de Sevilla. El trazado arrasa sin piedad. Por bello, por artístico, por histórico. Si has de derramar sudor, si has de sucumbir al agónico encanto de Filípides, mejor hacerlo en una ciudad como esta. Duele el gemelo, sí, pero ahí tienes la Plaza de España. Asoma el flato, vale, aunque se lleva mejor con la Torre del Oro como liebre casual. Los calambres amenazan, mas el quejido muscular es soportable cuando al costado divisas la Giralda. ¿Cansancio? Mira el Alcázar y calla. Y todo esto es una burda excusa, por supuesto. Estamos entre coleccionistas de kilómetros, así que no tiene sentido engañarnos. Por encima…
