El invierno no siempre fue una estación estética. Durante siglos fue, sobre todo, un problema. Hambre, enfermedades, caminos impracticables y muerte formaban parte de su imaginario dominante. En las sociedades preindustriales, el frío no inspiraba cuadros ni poemas: imponía silencio, recogimiento y supervivencia. La transformación del invierno en un motivo artístico, literario y urbano es una invención cultural relativamente tardía, ligada a cambios profundos en la percepción del tiempo, del cuerpo y de la naturaleza.
Antes de convertirse en paisaje, el invierno fue amenaza. Las crónicas medievales lo describen como un periodo de escasez y castigo divino. Las miniaturas y relieves lo representaban, cuando lo hacían, asociado al trabajo duro, a la vejez o a la muerte. No había lirismo en la nieve, sino resignación. El frío era un hecho…