Desde Sale, el pueblo de Driss Lakhouaja, hasta Rabat, donde está la pista de atletismo, hay seis kilómetros, y dos autobuses. Driss se subía al primero, pero al segundo ya no. Ese segundo trayecto, para ahorrarse un dinero, lo hacía a pie, durante una hora. Driss, el quinto de ocho hermanos, proviene de una familia humilde. Su pasión siempre fue el atletismo. Su entrenador le decía que no le veía maneras como fondista, pero a Driss eso le daba igual. Él quería correr y preguntar, y preguntar otra vez, a los atletas más mayores que él, a los más acreditados, “absolutamente todo”, apunta nuestro protagonista; “cómo entrenaban, cómo descansaban, cómo competían, cómo se cuidaban… Yo sólo pensaba en aprender todo lo que pudiera”.
Cuando Driss tenía 22 años, murió su…
