Al paso de los años creemos que “debemos comportarnos como adultos”, sobre todo cuando se trata de ser papás. Sin embargo, ser adulto no significa ser frío, estricto, cuadrado, serio, rígido… sino poner en equilibrio los sentimientos, actitudes y conductas, adaptándonos a la realidad. En la niñez predominan la afectividad, emociones, expresividad e intuición; por eso tenemos miedo de expresar nuestra emocionalidad: “es cosa de niños” pensamos. Dejamos atrás el abrazar bien fuerte a un ser querido, decirle: “Te extraño” o “no te vayas”, jugar, gozar, carcajearnos…
Nuestro niño es la parte de nuestra personalidad que aporta espontaneidad, creatividad, entusiasmo... es lo más genuino de nosotros mismos y permanece en nuestro ser desde siempre. Para lograr reconectarte, tu hijo es tu mayor maestro. Observa cómo es, cómo se conduce y…