No, no exagero. Mi casa no tiene un enchufe libre. Me dirijo al salón y he de ir esquivando o pasando por debajo de cables que, a modo de alambrada, se encuentran extendidos en plena carga de los dispositivos de la familia. Mandos de consola, tablets, móviles, ordenadores, relojes... o bien cargan power banks para seguir cargando otras cosas. Todos los estándares imaginables y algunos que aún no hemos aprendido a pronunciar. Con bases de carga, con hubs, adaptadores, prolon gadores, reductores... ¡qué sé yo!
¡Todos a la carga!
Esto se veía venir. Al igual que la humanidad está esquilmando los mares, exterminando especies, agotando los recursos naturales y el sentido común, también está agotando la energía de mis dispositivos y, por ende, mi paciencia. Todos sabemos lo que duraba…