La paranoia del líder soviético se había disparado durante sus últimos años de vida. Entre otras cosas, había hecho arrestar a Vinogradov, su médico personal y quien mejor conocía su estado de salud. Aun así, seguía disfrutando de algunos momentos de ocio. El 27 de febrero de 1953, recuerda Lilly Marcou, acudió a su reservado del Bolshoi para presenciar por enésima vez la representación de “El Lago de los Cisnes”. Al día siguiente, invitó a ver una película al jefe de los servicios secretos, Lavrenty Beria, además de a Georgy Malenkov, Nikita Kruschev y Nikolai Bulganin. Cuando terminó la proyección, fueron a la dacha de Kuntsevo para cenar. La velada se prolongó hasta las cuatro de la madrugada, como era habitual y, según parece, la desconfianza del dictador obligaba a…