Auroras boreales, ballenas, fiordos, arte de vanguardia, sesiones de blues, pesca… Las islas Lofoten poseen ese equilibrio poco frecuente entre naturaleza pura, tradición y disfrute humano.
Es tan grande que, cuando de pronto sobrevuela la lancha, los viajeros se quedan momentáneamente en sombra. A bordo se vive un alegre revuelo: interjecciones, codazos, dedos que buscan el obturador de sus cámaras con unos guantes demasiado grandes… Antes de que puedan enfocarla, el águila termina su picado, atrapa una presa entre sus garras curvas, con unas almohadillas de las que nada resbala, y vuelve al cielo en calma. No hacen falta fotografías para recordar su pico amarillo algo retorcido, que le da expresión de suficiencia. Ni el sonido del batir de sus alas, de casi dos metros y medio de envergadura en…