Alo largo de doce siglos, lo que hoy sigue siendo el reino de Marruecos tuvo cuatro grandes capitales que se iban alternando por designio de los soberanos de cada nuevo estado o imperio, desde Fez, la más antigua, a Meknés, Rabat y Marrakech. Recorrerlas permite apreciar la diversidad y riqueza cultural de todo Marruecos.
Al trasladar su corte, cada nueva dinastía –de la idrisí fundacional a la alauita del presente, pasando por almorávides, almohades, marinís o saadíes– demostraba su poder construyendo palacios, murallas, mezquitas, madrasas y otros edificios civiles y militares que, en su mayor parte, han prevalecido hasta nuestros días.
Si para intentar captar la esencia de Marruecos sólo pudiéramos visitar una, esta debiera ser Fez el-Bali, la ciudad vieja, pues además de verdadero baluarte religioso y cultural del…