Asu paso por Bergerac, una gabarra de casco chato navega las aguas del Dordoña, un río que junto a otros tantos (Vézère, Isle, Dronne y Auvézère) dan vida al paraíso doméstico del Perigord.
Hasta la llegada del ferrocarril, en el siglo XIX, estas embarcaciones de quilla plana y poco calado transportaban sal, madera y vino por el Dordoña, conectando el Lemosín con la atlántica ciudad de Burdeos, territorios que ahora forman parte de la región de Nueva Aquitania.
Los vinos del Perigord se pueden catar hoy en la Maison du Vin del Quai Cyrano, en Bergerac. Adosado a un coqueto claustro de los Recoletos (1630), el contemporáneo edificio integra la oficina de turismo y un centro cultural que, desde este año, muestra cómo la ciudad se aferra al personaje de…