El tiempo podría haber difuminado su historia y dejado solo las leyendas sobre tesoros ocultos, pero gracias a la marca País Cátaro la memoria de aquellos «hombres buenos» pervive en Occitania.
El País Cátaro no es solo un territorio. Entraña un viaje al pasado, cuyos vestigios dispersos entre Toulouse (Tolosa de Llenguadoc), Narbona, Carcasona, Béziers y Foix reúnen castillos, abadías y ciudadelas de vértigo, cual centinelas colgados entre el cielo y la tierra. La huella cátara se palpa en el aire del Languedoc, un escenario donde las piedras murmuran sobre este movimiento de los siglos XII y XIII, conectado a la lengua del sí (òc). Por aquel entonces, el sur francés vivía una época de bonanza, abonada con la proliferación de literatos y trovadores que con sus poemas románticos y…