Desde el avión, Lanzarote empieza a destapar sus cartas. Una cadena de ocres volcanes, esbeltos como jorobas de dromedario, surca la isla. Cuando la nave ronda el aeropuerto, apreciamos las casas blancas, sobrias y de líneas puras, entre una retícula de muros oscuros que resguardan las parcelas de tierra del viento.
Cada isla canaria es diferente pero la más fácil de identificar es Lanzarote, tanto por su singular paisaje volcánico como por haber sido pionera a la hora de preservarlo. Gran Canaria y Tenerife superan los 500 habitantes por km2, de ahí que viajar desde ellas a La Gomera, El Hierro o La Palma sea como ir de la ciudad al campo. En estas tres islas, la vertiente norte, húmeda y boscosa, y la sur, seca y árida, son mundos…