Budapest surgió en 1873 como resultado de la unión de tres ciudades: la Óbuda o Aquincum romana y la medieval Buda, en el margen derecho del Danubio, y Pest, su pujante vecina de la orilla izquierda.
La recién nacida Budapest se convirtió enseguida en una de las urbes más cosmopolitas de Europa. La segunda metrópoli del imperio de los Habsburgo no tardó así en rivalizar con Viena, gracias a su modernidad -aquí se inauguró, en 1896, la primera línea de metro del mundo-, y a una vibrante apuesta arquitectónica de tintes eclécticos, espoleada por añoranzas épicas. Empeñada en «recuperar» sus oportunidades arrebatadas y el patrimonio destruido por los turcos, la nueva capital mezcló lo neogótico, lo neobarroco y su folclorista estilo Secesión o modernismo autóctono, con audacia fascinante.
El siglo…