Más allá de la rima consonante entre sus nombres y de una carretera comarcal, la CM-110, sencilla de seguir, Sigüenza y Atienza protagonizan una ruta ideal para adentrarse en un territorio despoblado rico en arte románico y parajes desnudos. Porque en estas latitudes, frías y abruptas, las paredes de arenisca y caliza parecen brotar de los riscos hasta coronarse en los humildes tejados. Y de ahí, hasta el cielo.
Por eso, se llegue por donde se llegue a Sigüenza, lo primero que dilata las retinas es su castillo, al que el viajero acude magnetizado por su estampa medieval. Y, por supuesto, por un emplazamiento desde el que se domina todo. Su portentosa estampa, que data del siglo XII, ha sido embellecida y ampliada con el tiempo, siendo la barbacana levantada…