Cuando se visita una fábrica, uno espera toparse con robots, humos, ruidos y cintas transportadoras. Pero no hay nada de eso en el taller de la empresa de camas Hästens en Köping, un pueblo al sur de Suecia que nos recibe con unos diez centímetros de nieve a principios de noviembre. Nieva con rabia fuera, pero en la que llaman ‘la fábrica de los sueños’, rodeada de bosque, el ambiente es bastante acogedor. Dan ganas de echar una cabezadita (y deberían advertirlo), porque en este lugar donde se construyen algunas de las mejores camas del mundo se trabaja con edredones de plumón, colchonetas rellenas de algodón y crin de caballo y colchones. Muchísimos colchones.
No parece, pues, una fábrica estresada. Las camas las siguen realizando de manera artesanal, más o…