Horas antes de su toma de protesta como presidente, en diciembre de 1982, el político colimense salió de su casa de Coyoacán para recibir la banda presidencial de manos de José López Portillo. El inmueble, construido y diseñado por el mismo político en la década de los 70, está conectado a un espacio al que consideraba su santuario: una biblioteca de dos niveles con jardines, rincones de lectura, escritorios, comedor y cocina.
Seis años después, tras la controvertida entrega de la batuta a Carlos Salinas de Gortari, dos terremotos, huracanes, crisis económicas y una notoria apertura comercial del país, el exmandatario volvió a su refugio ideal, que complementó y disfrutó hasta su muerte, en abril de 2012.
“Es el décimo aniversario luctuoso de mi papá y para celebrarlo lanzamos un…
