Nuestra voluntad ha sido montar en esta ciudad única un proyecto mágico donde el cliente se sienta como en su casa», asegura el anticuario Miguel Arcas, propietario de este delicioso hotel, señorial y sofisticado, a 15 minutos andando de la Giralda. Un lugar irrepetible que atrapa por su extraordinaria puesta en escena, con un respeto absoluto por todos los elementos arquitectónicos originales. Pilastras, arcos, artesonados y columnas muestran su mejor cara, ahora pintados de un gris oscuro –inusual para la ciudad– que los realza y refresca creando un entorno clásico actualizado. Alrededor del patio, las estancias tienen cada una un toque especial –techos altísimos, terraza privada...– y una decoración excepcional donde, no podía ser de otra manera, destacan las antigüedades: cuadros, tapices y muebles, en una sugerente mezcla de épocas.…