Su hija, Eugenia, de 16 años, acaba de terminar el curso con unas notas excelentes. Este era el regalo perfecto DELICADAS organzas, brocados exquisitos, cristales y perlas, patrones impolutos y exclusivos, manos sapientes y una mirada certera sobre la belleza, el volumen y la pureza de las líneas y el corte. Un universo de tejidos, agujas e hilos, que solo es accesible a unos pocos. Casi elegidos. Porque es propio de otro tiempo. De cuando la moda nacía y moría en grandes salones palaciegos y los vestidos se diseñaban y cosían sobre el cuerpo de la mujer que los iba a lucir. Hablamos de la Alta Costura, «l’haute couture», una forma de hacer moda que, tras la irrupción aniquiladora del «prêt-à-porter», en los 60, con Yves Saint-Laurent, mucho más rentable,…
