ES EN LAS OLLAS Y FOGONES de Lima, amalgama de pueblos y culturas, donde se expresa en todo su esplendor su rico y mestizo arte culinario. Sus populosas calles están tachonadas de restaurantes y puestos callejeros que ofrecen un crisol de cocinas autóctonas: la criolla, herencia de la cocina española; la africana, que trajeron los esclavos negros; la chifa o chaufa, una feliz fusión chino-peruana; la norteña, donde la calidad de sus productos es el santo y seña; y la nikkei, la última en llegar, fruto de las migraciones de agricultores japoneses.
Pero, más que ninguna otra cosa, Lima es puerto de mar y es pescado fresco y sabrosísimo, gracias a la corriente fría de Humbolt, que da una textura insuperable a corvinas, cabrillas, róbalos, meros, jureles, conchas negras (ingrediente…