EN el Pirineo del Alto Gállego, allí donde los picos ya superan los tres mil metros de altitud, el modelaje glaciar se hace muy evidente: circos y lagos, que en Aragón reciben el nombre de ibones, valles escavados en el granito y grandes bloques que se desparraman por los altos canchales. En uno de estos altos valles, en la cabecera del barranco de Arriel, se oculta uno de los rincones más agrestes y bellos del Pirineo aragonés: el circo de Arriel. Las cumbres de Arriel, Arrémoulit, Palas, Balaitus, Anónimo, Frondella… y las afiladas crestas que los unen, forman un conjunto casi circular que sólo se rompe por el barranco de Arriel. Éste es, sin duda, uno de los mejores lugares para disfrutar de una jornada auténticamente montañera.
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