No hay nada que guste más en Hollywood que un regreso triunfal, la resurrección profesional de una estrella que recupera el brillo tras superar una fase difícil, complicada o, simplemente, distinta. Aunque sea por una opción puramente personal, como la que llevó a Renée Zellweger (Katy, Texas, 1969) a apartarse de los focos, dejar de lado campañas furibundas de tabloides de medio mundo y centrarse en, como dijo en su momento, mi mejor personaje: yo misma. Ahora, con la madurez que dan sus 50 años y tres décadas de trabajo a sus espaldas, la que fuera Bridget Jones, Roxie Hart de Chicago (R. Marshall, 2002) y Oscar a Mejor Actriz Secundaria por Cold Mountain (A. Minghella, 2003) emprende un camino por el que ya han transitado los últimos años, y…
