Era 2019. Nuestra pequeña Lottie tenía 18 meses y, después de unas vacaciones de verano en Estonia (de donde es mi mujer, Pille), rodeados de naturaleza y espacios abiertos, se nos hacía cuesta arriba volver a nuestra diminuta casa en España”, recuerda Leigh, propietario de este rincón del paraíso en Mallorca. “No lo dudamos y nos pusimos a buscar una casa más amplia y tranquila donde vivir. A poder ser una casa de campo con pocos escalones y un jardín donde Lottie pudiera jugar, correr y respirar aire puro”.
Un día, a finales de agosto, deambulando por el pueblo de Pollença, Pille se detuvo ante el escaparate de una inmobiliaria: una casa de piedra le llamó la atención. Tanto, que fueron a verla ese mismo día. “Tan pronto como entramos,…
