Al paso, veo que los bares sólo están abiertos en la puerta de la calle y unos pocos metros adentro, donde aún llega luz para las dos o tres banquetas ocupadas por clientes que discuten, como cuñados, sobre lo que debe y no debe llevar un buen kit de supervivencia. Los chavales, en el parque, hacen botellón a ritmo de reguetón. En otro tiempo, cuando el pop-rock, esta frase no contendría un pareado.
Algunos mayores cercanos a ellos, transistor en la oreja como cuando el golpe de estado del 23F, esbozan una sonrisa que parece decir: “Ya se lo anunciaba yo a estos modernos del “istagrán”, el día que se vaya la luz cómo os vais a apañar, si no sabéis hacer la ‘o’ con un bote”. Bajando la avenida,…
