Hace días, mientras sacrificaba unas decenas de neuronas en pos de una ‘economía doméstica sostenible’, me propuse reducir servicios y gastos que resultaran superfluos en el presupuesto mensual. No hablo, claro está, de la compra de merchandising friki para ‘peterpanes’ que aún no asimilan su edad, ni la periódica inversión en juegos que jamás jugaré. Eso son gastos justificados, yo hablo de lo que realmente sobra en mi vida. Y, buscando candidatos, revisé mi factura telefónica. Es justo reconocerlo: mi tarifa Mega Expansive Ultimate Plus Big Pro King Size me daba todo lo que mi fértil mente pudiera imaginar. Gigas y gigas de datos, llamadas sin límites a las Antípodas, mensajes con tecnologías en desuso, partidos de fútbol, canales de televisión, software, stickers, descuentos en el burguer y quién sabe…