SEGÚN LA SEGUNDA EPÍSTOLA DE SAN PEDRO, LOS ANTIGUOS GRIEGOS CONSIDERARON EL TÁRTARO COMO LA MORADA DE LOS MUERTOS IMPÍOS Y EL LUGAR EN DONDE RECIBIRÍAN CASTIGO ETERNO. Este se correspondería a la gehena judía, el valle maldito al que llegarían, tras su muerte física, los practicantes de ritos paganos. A pesar de su alusión, el apóstol cristiano, no participaba de esta creencia, para él, Dios castigaría a los pecadores arrojándoles al Tártaro, a esos hoyos de densa oscuridad, en donde les habría ubicado para que esperasen el día del juicio, que, sin duda, llegaría pronto.
LA CREACIÓN DEL MÁS ALLÁ
La comprensión de lo que fue el Tártaro nos permite conocer, un poco mejor, el proceso de sincretismo que a lo largo de la Historia ha existido en lo…
