Lo primero es lo primero: nuestro mundo parece seguir en orden. Al menos el toro, todavía se mueve. En cualquier caso, el balance de un viaje en coche de oeste a este por el sur de Alemania es abrumadoramente positivo: decenas de pulgares levantados, enjambres de paparazzi con smartphone en cada parada para hacer pis, dos rodillazos implícitos y, para rematar, la actuación de un guitarrista aéreo que se dejó llevar para hacer un solo espontáneo mientras cruzaba un paso de cebra. ¿Disparador en cada caso? Claro, la icónica forma que, a diferencia de otros deportivos planos del norte de Italia, no necesita un color específico para identificarse. Simplemente: Lambo. De todos modos, a la mayoría no le importa lo que venga después. Aventador, Countach. O siempre popular: Chini.
¿La…