Hay tres cosas, por lo menos, que ni me gustan, ni entiendo por qué gustan tanto a los demás: el guacamole, los Beatles y los críticos. Dejemos al margen la pasta verde y a los escarabajos pastosos. La crítica puede estar basada en apreciaciones subjetivas o en datos objetivos. Vamos con lo primero. A menudo he cambiado de parecer, y sigo haciéndolo, acerca de todo lo que tiene que ver con mis gustos: comida, música, libros, personas o, por supuesto, coches. Cada uno es la máxima autoridad acerca de sus preferencias. Y, en las mías, no soy una autoridad fiable. Es decir, las críticas que podría escribir yo para mí mismo, no servirían para mucho. Las que escribe cualquiera para todo el mundo, con seguridad me resultan inútiles. No entiendo…
