Si bien es cierto que a lo largo de la historia, y principalmente durante la Edad Media y la era moderna, muchos reyes fueron derrocados o eliminados y la persona del monarca fue objeto de conspiraciones y asesinatos –regicidios–, casi siempre fue para investir a otro en su lugar; en dicho caso, si el nuevo ungido no era legítimo a ojos de la divinidad, ya se encargarían de ello, prestos, sus consejeros y cronistas. Hubo excepciones, claro, como el caso de la Revolución Inglesa, donde tras ser juzgado y ejecutado el monarca Carlos I, la monarquía fue sustituida por una República (sin embargo, Oliver Cromwell, su líder, se arrogó poderes dignos de un rey, y no tardaría en ser eliminado y sustituido por el hijo del monarca asesinado, Carlos II).…