En algo devastador, pero a cambio certero en términos de lucidez, ronda la porción del imaginario común mas nada corriente que escoge Raúl Molina Gil (Castellnovo, 1991) para, por fin, tras una plaquette inencontrable —aunque premiada en 2016-, entregar a la imprenta un libro de poemas entero que tiene mucho de invierno, y de soledades, y de una herida íntima pero también política si es que optamos por Celan y compañía, pues, sin llegar a la quiebra total de la sintaxis y el sentido, aquí se vislumbran gestos de ruptura y ningún adorno, sino suma crudeza, y la ternura reparadora que la entrega conlleva, por ejemplo al tratar al lector como a un hermano, a la compañera como a una hermana y a los sufrientes como iguales, todo entre sinestesias…
