EXPERIENCIAS Hace dos mil años, los legionarios de las galeras romanas que se disponían a invadir Britania probablemente contuvieran la respiración ante la gigantesca muralla blanca de Dover. Al igual que los de Étretat en Francia, estos acantilados que alcanzan 110 m de alto y 13 km de largo están formados por creta, una roca caliza repleta de fósiles de algas unicelulares, de la que se extrae la tiza. Su blancura, en contraste con el azul del mar y el verde que tapiza su lomo, sigue siendo hoy lo primero que divisan de la costa inglesa los barcos que atraviesan el canal de la Mancha.
La mejor manera de descubrir la zona es por el sendero de 3 km que lleva hasta el faro de South Foreland, que desde 1842…