Ese contacto debe ser de, al menos, dos horas, sin importar si son seguidas o en intervalos más cortos, según concluye un estudio reciente publicado en la revista 'Scientific Reports'. Si se produce, se atenúa el estrés, disminuye la presión sanguínea y también el riesgo de sufrir trastornos cardiovasculares, asma, diabetes o alergias. Crece, en general, la expectativa de vida. Además, sucede en todos los grupos analizados (más de 20.000 personas en dos años, jóvenes, mayores, de varias etnias, de zonas ricas o más pobres...). Eso sí, los beneficios no se presentan si no se alcanzan las dos horas ni aumentan porque el contacto con la naturaleza se duplique, por ejemplo. Lo cierto es que cada vez más médicos lo prescriben.…