Barcelona, febrero de 1976. Visita real de cinco días. En el aeropuerto, Sofía, muy pálida, ojerosa, delgadísima, vestida de oscuro, contrasta con su bullicioso marido, que se atreve incluso a expresarse en catalán. Por la noche van al Liceo a ver la ópera de Wagner ‘Los maestros cantores’. Sofía cierra los ojos y alguien cree ver corriendo por sus mejillas un fulgor paralelo. ¡El Rey también cierra los ojos, pero es porque se queda profundamente dormido! Se alojan en el palacete Albéniz, Juan Carlos acude a la habitación matrimonial muerto de sueño desanudándose la pajarita, pero un ayuda de cámara lo detiene: “Perdón, majestad, su habitación está en este lado”.
HABITACIONES SEPARADAS
Extrañado, mira a Sofía, que se dirige sin pronunciar palabra al que había sido su dormitorio común hasta…
