Siguen temiéndola. A Cristina Blanco. Todas. Las Campos, Rociito, Belén, Lara… ¡todas! Y no evitan hablar de ella por cariño, sino por miedo. “La información es poder”, decimos los clásicos. Y así es en el caso de la Blanco, que no se llama Cristina sino Manuela. Y no es de Madrid, sino de Extremadura.
LIANTA E INTIMIDATORIA
Muy hábil, sonsacaba secretos inconfesables con precisión de cirujano, y era tan lianta que, por ejemplo, a Rocío Carrasco, casada con Antonio David Flores, le mentía: “No te fíes, ¡te engaña!”. Eso, unido a un temperamento perverso, espíritu vengativo y el talante supersticioso de sus clientas, la hacían imbatible. “Su forma de asustar a la gente para cobrar cantidades astronómicas era terrorífica”, me confiesa una de sus víctimas. Un redactor de ‘Día a…