Alba Carrillo, nunca he sabido muy bien a qué te dedicabas, querida ninfa, pero sonreías mucho, te atusabas el flequillo con gracia y te relacionabas con muchachos insustanciales, pero famosos. Pasabas, en fin, por la vida sin molestar a nadie. Sí, pero... ahora, de pronto, princesa, te has subido al podio de la fama y las alturas te han transformado. Antes de tu debut televisivo declaraste: “Si me critican, será que me tienen envidia”. ¿Y no podría ser, digo yo, que te critiquen porque no lo haces bien? ¿No te has parado a pensar que ese estilo anodino y balbuceante que te emparenta con Paloma Cuevas y Genoveva Casanova causa tedio y aburrimiento y, quizá, te van a poner a parir por eso? Yo no, líbreme Dios. Gracias a ti…
