ESTE otoño se cumplen veintiuna ediciones del Premio Desnivel de Literatura. Miles de libros aterrizados, unos pocos editados, muchas palabras y elecciones… Un premio que ha alumbrado a 19 obras galardonadas. Desde que en 1999 David Torres, con su Nanga Parbat, inaugurara el palmarés, hasta el ganador en 2018, 8.848 Clama Everest, han pasado numerosos manuscritos, un montón de finalistas y diecinueve criaturas –en tres ocasiones se ha declarado desierto y un año fueron dos los premiados–. Y, sobre todo, mucha ilusión.
¿De dónde surgió la idea primigenia de este rincón del alma? Como siempre de un deseo, de un pálpito, de una necesidad. El deseo de seguir apoyando libros hermosos, el pálpito de que la belleza y las historias de montaña son algo esencial en la literatura, la necesidad…
