Convertido en un verdadero artista de la fotografía, publicó libros con National Geographic Era todo sonrisa. Una sonrisa grande, contagiosa, de niño malo que se hace perdonar a fuerza de hacerse querer, una sonrisa franca que le estallaba en la boca cuando, de niño, inventaba palabras maravillosas, como ‘albaricóptero’. La misma sonrisa maravillada de cuando, ya estudiante en la facultad, daba con asombrosa facilidad la solución a un problema matemático complejo; o la de cuando, en una reunión de trabajo, era capaz de imaginar un procedimiento simple e inesperado para resolver la situación más enredada. Tras terminar sus estudios, se incorporó al equipo de RBA, al inicio en un proceso de aprendizaje que le permitió conocer todos los departamentos de la casa, y después como responsable de la división de…