Isabel Pantoja no debería bajarse nunca del escenario. Encima de las tablas es elegante, talentosa, ingeniosa y, claro está, una gran artista; comedida cuando toca, excesiva cuando conviene y siempre entregada, respetando, además, al público al ofrecer un espectáculo dignísimo, en el que, a juzgar por la calidad de la orquesta y del coro que la acompaña, la productora se ha gastado una pasta.
En el segundo recital de su gira de reaparición, Isabel aterrizó en el Palau Sant Jordi de Barcelona, un megaespacio que quizá quedó un poco desangelado pero garantizó la asistencia de diez mil espectadores de una sola tacada y un ingreso en taquilla más que abundante para las cuentas de todos: promotores y artistas.
Viendo moverse a la artista, escuchando su portentosa voz y admirando su…
